En solo tres días, lo que era hermoso, divertido y hasta fastidioso pero con gusto, se esfumo. No nos dio el tiempo necesario para entender el por qué.
Santino era un luchador. Pero justamente su Corazón Valiente lo mantuvo con vida hasta el ultimo minuto, donde ni su mama pudo salvarlo esta vez.
Para muchos sera una execración. Para otros dirán que en el mundo hay mayores problemas de que preocuparse que por esta muerte.
Existirán los que condenen los gastos y la pena por llorar por Santino.
Pero hay otros que entenderán que la vida es una sola, que muy pocas veces se te cruzan por el camino individuos que te hacen feliz con su sola presencia o porque necesitan de tu cuidado.
Santino, siempre te vamos a recordar como ese perrito pequeño que un día guiñandonos un ojito, nos dijo: mejor me voy, no se hagan problema.
Hasta la próxima Corazón Valiente.
Hasta siempre SANTINO.
